La
pretensión de que la liberalización del Sector
Ferroviario, en el marco cotidiano de las relaciones
entre patrono y trabajadores, constituye una garantía de
estabilidad, de compensación salarial y de futuro para
l@s trabajador@s de las
“Contratas Ferroviarias”, choca frontalmente con la
realidad a la cual dicen que hay que adaptarse.
El
desarraigo social y familiar, las penosas condiciones de
trabajo, el abaratamiento del despido, las jornadas
extenuantes, el alto riesgo de accidentes laborales, el
vergonzoso incumplimiento de la Ley, no fijan
precisamente un futuro idílico para el conjunto de
l@s trabajador@s del sector
ferroviario, y son a su vez, junto con la permisividad
de los sindicatos firmantes, las causas del
incumplimiento de cualquier Convenio por bueno que este
sea.
Conseguir trabajo, cualquier trabajo
en cualquier condición, es para muchos lo más urgente. Pero
interrogarnos por los que promueven, avalan y con-firman las situaciones
que obligan a aceptar “libremente” trabajos en pésimas condiciones, y la
injusticia de un régimen que permite la ilegalidad impune de los
empresarios en las relaciones de trabajo es de suma importancia.
Aunque nos haga mucha falta un
empleo, si sólo pedimos trabajo y no exigimos unas condiciones, lo que
estamos pidiendo es un explotador que nos robe la vida.
Los sindicatos aún mayoritarios ya no
pueden imponer por la fuerza su representatividad de los
trabajadores con salario en régimen de concesión. Necesitan la
indulgencia de la patronal y la financiación del Estado y, desde luego,
el desalojo de los sectores eventuales de cualquier alternativa de
agrupamiento discrepante y vivo.
Desde el Sindicato Federal
Ferroviario de la Confederación General del Trabajo SFF-CGT
reivindicamos como imprescindible, un cambio de esta situación. L@s
trabajador@s del Sector Ferroviario necesitamos un sindicalismo
reivindicativo, que no sirva de apoyo a la patronal para perpetuar sus
injusticias. Un sindicalismo con coraje, que no tenga que anteponer el
mantenimiento de los privilegios de su Organización Sindical sobre la
defensa de los trabajadores en las negociaciones, y cuyo objetivo diario
sea recuperar para todos nosotros l@s trabajador@s, la voz, el grito que
clame respeto y el derecho a ser dueños de nuestro destino.
Ha llegado el momento de que la
práctica anarcosindicalista nos devuelva la iniciativa en la lucha
diaria por nuestras condiciones de vida. En el trabajo y en la sociedad.
El ideario anarcosindicalista sigue vigente: la acción directa, el
federalismo, el apoyo mutuo, la autogestión, son algo más que formas
orgánicas, estrategias y métodos de lucha, son el componente libertario
del movimiento obrero (que sigue estando presente en las luchas sociales
de las últimas décadas), y sobre estas bases o principios libertarios
hay que continuar empeñándose para adaptar la mejor “herramienta” del
movimiento obrero –el sindicato- a los cambios del sistema productivo
capitalista, ampliando el escenario de lucha e intransigencia.